viernes, 24 de julio de 2015
La vida del caballero medieval era... una mierda.
Si algo trajo la caída del Antiguo Régimen fue aquello que más tarde se agenciaron ciertas ideologías de "sin Dios ni amo", y los viejos caballeros medievales pasaron a ser algo de los libros, muchas veces grotesco y ridiculizado, otras encumbrado como la perfección humana en cuanto a valor y honorabilidad, pero lo cierto es que la vida del caballero era algo verdaderamente horrible.
Partamos de la base: no todos los hombres a caballo y armadura que hacían la guerra eran nobles, pero sí todos los caballeros lo eran, a excepción de los que estaban en las órdenes de caballería, que dejaban sus títulos nobiliarios a cambio de enrolarse, o por fuerza de perderlos por ser hijos menores, ésto los convertía en algo lejano al pueblo, hermético y salvaje, odiado y temido, y personas que podían llegar a ser decisivas de forma política o militar en un abrir y cerrar de ojos.
Ya entrando en materia... al contrario de lo que mucha gente cree, los caballeros no eran precisamente analfabetos, sus labores como caballeros requerían que, al menos, supiesen escribir y expresarse en latín de una forma correcta, así pues, los pudientes mandaban a sus hijos jóvenes a vivir a monasterios hasta los ocho años, donde aprendían a obedecer, se les inculcaba el dogmatismo de la Iglesia y se les ensañaba la leer y escribir.
Sí, he dicho lo más pudientes. Otro de los mitos de los caballeros es que todos eran grandes nobles, gente con posesiones y dinero, y era algo totalmente contrario, la mayoría eran pobres, sólo tenían su espada, armadura, enseres personales y un caballo, lo cual los convertía en inmensamente ricos en comparación con los campesinos, pero aun así dependían del favor de un noble de dinero, donde servían en su ejército a cambio de su manutención y la de su escudero o cuadrilla de hombres de armas, si se la podía permitir, esperando lograr una gran hazaña en el campo de batalla que le sirviese para ganar algunas tierras o una posición de Guardes, corralero o como se le quiera llamar, posición de Señor de un castillo, que no sería suyo, pero podría explotar el castillo y sus tierras.
La desesperación de poder morir un día sin nada, de perderse en el olvido, los convertía en gente peligrosa, lo que, sumado a su instrucción los hacía ser valientes hasta extremos suicidas. La instrucción de los caballeros empezaba a los ocho años, donde los enrolaban como escuderos a cargo de otro caballero, que les alimentaba, les enseñaba a combatir, tácticas, doctrinas, política, los llevaban una y otra vez por campos de batalla en campañas completas, de primavera a principios del invierno, donde el joven se curtía, conocía a otros caballeros y veía los estragos de la guerra, y así asimilaba su posición.
Parad un momento e imaginad, un niño de ocho años andando entre muertos y moribundos, ayudando a su señor o a un sacerdote, a dar la extrema unción y la Gracia, rematar para que no sufran, a aquellos que ya no tenían la más mínima posibilidad de salvarse, obviamente, es un shock tremendo.
Ésto tira por tierra otro mito bastante común contra los caballeros, que eran cobardes o estúpidos. Obviamente habría zopencos y cobardes, pero la mayoría eran soldados tremendamente capaces, buenos estrategas y tenían un arrojo en la batalla que valía para acojonar a casi cualquiera que se cruzase con ellos en el campo de batalla, el caballero a caballo era comparable a un tanque actual, suficientemente blindado para arrasar tropas menores y para infundir miedo en el enemigo.
Cuando el muchacho rondaba los veinte años, el caballero al que servía podía liberarle si le consideraba digno, y ahí se le nombraba caballero en una ceremonia casi privada para la mayoría, algo que quedaba en un pequeño grupo, y algo rimbombante para la Alta Nobleza.
Al haber llegado a sus veinte, era un hombre bien alimentado, fuerte, lo suficiente como para llegar sin que alguna enfermedad acabase con él, un guerrero diestro y, si había sido bien enseñado, un estratega y una figura específicamente diseñada ser un faro en el campo de batalla.
Pues sí, los caballeros, además de ser casi intocables, eran algo que levantaba la moral al resto de soldados cuando llegaban, algo parecido a la llegada de la caballería contra los indios en las películas de vaqueros.
Poneos en situación, el suelo empieza a retumbar mientras las filas chocan y entrechocan, y de uno de los flancos aparecen una veintena de soldados cubiertos por completo, con tabardos, lanzas, escudos y banderines de colores, espoleando a los caballos como si les persiguiese el mismo diablo y embistiendo al enemigo, atravesando de un lado a otro, girando y volviendo a cargar.
Ésta era, para un estratega, la mayor virtud de los caballeros, la posibilidad de dar un giro a la batalla si se utilizaban como era debido.
Claro que el caballero no era demasiado sin su armadura. Independientemente de si luchaba a pie o montados, los caballeros luchaban enfundados en veinte kilos de cuero, acero, lino y lana, que formaban sus armaduras.
Los primeros caballeros solían vestir cotas de malla completas, cascos abiertos y refuerzos de cuero en las zonas más susceptibles de sufrir daño, cotas de anillos que eran tremendamente caras y que se reparaban una y otra vez, heredándose como un tesoro, con un mantenimiento muy complejo, de aquellas no existía el acero inoxidable aunque parezca una obviedad, pero tampoco existían los aceros resistentes a la corrosión actuales, que son los más comunes, así pues, una cota mal mantenida podía llegar a deshacerse.
Posteriormente, reaparecieron las corazas, ya usadas por otras civilizaciones hechas de otros materiales, pero ésta vez fue en acero. Aun siendo tremendamente complejas y caras, tenían que hacerse a medida, de diferente forma si iban a usarse a pie, a caballo, si el hombre iba a usar lanza, espada a una mano o a dos, si era zurdo o diestro, porque, aunque no se les permitía usar la izquierda, por razones tácticas, no religiosas como mucha gente piensa, los zurdos tienden a cubrirse sobre su hombro derecho, obligando a no llevar el guardón que les taparía la visión, entre otras cosas, aun con éstos problemas, eran mucho más baratas que las cotas de anillos, permitiendo que todo caballero pudiese costearse una, llegando incluso a llevar a sus hombres de armas con coraza.
Pasando a su montura, era algo que dependía del caballero, pero estaba institucionalizado el "caballo de guerra" que, sin ser una raza, era un grupo que respondía a unas características, ser pesados, de patas fuertes, sacrificando velocidad por potencia, de grupas anchas y poco peludos, aunque ésto los remediaban fácilmente cortando crines. Los caballos eran algo caro y lento de poseer, pues había que criarlos y domarlos, así que se les protegía.
Primeramente, se le cubría la cruz, cuello, parte de las grupas, se les tapaba la cola y se les hacía una "coleta" para evitar dar un blanco claro o algo que fuese más fácil de cortar, con tela gruesa y refuerzos de cuero. Posteriormente, los caballos empezaron a ir más y más blindados, cuero, mallas, testeras (cascos de acero para caballos), hasta el punto de armaduras completas para caballo, conocidas como bardas, todo era poco para proteger la parte más débil del caballero: su caballo.
Porque sí, el caballero subido a su caballo fue inmortal durante mucho tiempo pero, para explicar ésto, pasaremos al arsenal de los caballeros.
Los caballeros eran hombres-ejército, estaban entrenados en el uso de toda clase de armas de combate cuerpo a cuerpo, pero no en armas de tiro. Lanzas, picas, martillos, toda clase de espadas, hachas en algunas zonas, cuchillos, manguales eran parte de su arsenal, que dependía completamente de las preferencias personales del caballero.
Entre lo más común estaban las lanzas, tanto a pie como a caballería, la espada de mano y media, espadón de caballería, mandobles a pie, martillos largos, que usaban de forma diestra e indistinta, que transportaban sus escuderos hasta el campo de batalla, ahí el caballero escogía, muchas veces poniéndose de acuerdo con el resto para funcionar mejor, qué arma usaría.
Se podría explicar parte por parte cómo se usaba cada arma, en qué circunstancias y sus características, pero sería excesivamente largo, así que, para quien le interese, que investigue lo que son la HEMA (Historical European Martial Arts) por youtube, le será más esclarecedor.
Como ya he dicho, los caballeros eran casi intocables por el campo de batalla, y ésto era por un tema físico: no había forma de atravesar su armadura de forma clara. En las películas se ve como un caballero muere atravesado por una espada o cualquier golpe de un soldado de a pie pero eso era algo completamente imposible, la mayoría de armas se doblaban o rebotaban contra la armadura, y ésto era así porque la armadura se endurecía hasta el punto de ser muy rígida, y era posible quebrarla como un cristal con un golpe lo suficientemente fuerte, mientras que las armas eran más blandas para facilitar su reparación y evitar que se rompiesen al chocar, así pues, para atravesar la armadura había que asestar un golpe muy punzante y tremendamente fuerte.
Entonces... ¿cómo se mataba a un caballero? Pues a golpes. Si iba a caballo, lo primero era derribarlo, y, con suerte, se partiría el cuello o la espalda en la caída, evitando molestias a los atacantes, si el caballero tenía la suerte, o mala suerte, de salir vivo de la caída o del golpe que lo hubiese tirado, tenía pocos segundos para decidir su suerte: si se levantaba, el resto, y cuando hablo del resto me refiero a hombres de armas, plebeyos sin demasiado entrenamiento, potencia física o armas de calidad, estaban en un buen aprieto, pues el caballero sería más rápido que ellos, y más certero, incluso magullado y arrastrando el peso de la armadura, si no se levantaba, se le golpeaba hasta matarlo.
La forma de golpearle hasta la muerte era sencilla, con el arma más pesada posible, preferiblemente con el pico trasero de un martillo de guerra, se le daba un golpe certero a la cabeza, matándolo en el acto, si no se tenía nada así a mano, se atacaban las uniones de la extremidades, que eran las partes más blandas, hasta que terminaba desagrado o muriendo por contusiones graves.
Aun así, era raro matar caballeros, estaba mal visto, pues incluso guerreando en conflictos privados eran protegidos por la Iglesia, así que si existía la posibilidad de capturarlo vivo, era la prioridad, además de ser muy rentable, pues se pagaba un buen rescate muchas veces, o se intercambiaba por otros prisioneros, o como parte del tratado de paz.
Y hasta aquí, la corta e intensa vida de los caballeros de la Edad Oscura
miércoles, 1 de julio de 2015
¡A las barricadas!
Ayer, día 1 de julio de 2015, entró en vigor la nueva ley de seguridad ciudadana, junto al nuevo código penal, que ya se ha avisado desde sectores judiciales que contiene erratas, contradicciones y procedimientos sin sentido, pero eso no es lo importante para los que no tenemos ni puñetera idea de Derecho.
La ley, conocida popularmente como Ley Mordaza, es, por resumir, un insulto a la libertad individual, así como a la inteligencia general, a la separación de poderes, que en éste país ni está, ni se le espera, además de ser, de fondo, una ley de control trasnochada, ciertamente parecida a la que se aplicó en los últimos años del franquismo, salvo detallitos como la Ley de patada en la puerta. ¿Exagero? No, presunción de veracidad para los agentes, cosa que ya existía pero no hasta éste punto, que anula cualquier cualquier posibilidad de recurso de palabra. Estando en el S. XXI, alguno podría pensar en grabarlo, pues tampoco, queda prohibido, a discreción de los agentes, agentes que han reconocido que nadie les ha dicho como deben hacerlo, ni cuando, el requisar tarjeta y dispositivo si consideran que se va a usar para fines perversos pero, claro, ¿qué son fines perversos?
Pues ahí está una parte del follón, la otra parte es de tipo pecuniario, por concretar, deja de ser necesario el veredicto de un juez para castigar ciertas conductas, tipificadas como faltas, que suelen multarse "de oficio", sin necesidad de declaración, cosas obvias como multas de tráfico hasta ahora, que luego del pago podían recurrirse, pero claro, no hay multas de 30.000 euros en tráfico.
Sí, la ley contempla sanciones de 30.000 euros, de hecho, contempla hasta 600.000 euros, algo que "nadie" puede pagar, lo entrecomillo porque sí hay gente que podría, gente a la que no van a multar por manifestarse. No sé, no veo a Amancio Ortega saliendo a pegarse con la Guardia Civil en una huelga de astilleros o de mineros, seré un hombre de poca fe.
Por ahí ya hay movimientos que se declaran insurrectos, de hecho, algunos periodistas han llamado a la desobediencia civil, y una en concreto ha recalcado la "obligatoriedad de la desobediencia civil". Partamos de la base de que no es una periodista que me guste, ni como profesional, ni comparto su pensamiento político o económico, pero ahí tiene razón.
La Ley lo es porque se escribe en un libro, no son las Tablas de Ley, esculpidas por mano divina, y lo que hoy es legal, mañana puede no serlo, y viceversa, así pues, que cada cual desobedezca lo que considere oportuno, y que se atenga a las consecuencias. No, no es una amenaza, es la realidad, y aun así, espero que haya quien sepa las consecuencias y desobedezca esa ley, yo lo haré en la pequeña parte que me toca, y sé lo que me espera, hasta 600 euros, que no los tengo, de multa, pero es un pequeño precio a pagar por no ceder lo que considero que es mi derecho.
Como a los señores que han firmado les gusta tanto remontarse a otras épocas, y compararse con otros países, haré lo mismo, aunque las comparaciones son odiosas, sobre todo cuando quedas mal tú.
A lo largo de la historia ha habido revolucionarios, traidores, enemigos y gentuza, todos encarnados en la misma persona siempre, y todos entendemos que es porque depende de quien se refiera a ellos, ¿verdad?. Hay compromisos que trascienden ideologías políticas, que sobrepasan pensamientos sociales, naciones y credos, y el primero de todos ellos es la Libertad, y la palabra de cada uno.
Comparando, odiosamente para Catalá, hubo un Señor, así, con mayúsculas, llamado Robert E. Lee, Coronel Lee, posteriormente General Robert E. Lee, comandante en Jefe de los Estados Confederados de América.
A algunos les sorprenderá, a otros no, pero Lee, aun estando rodeado de esclavistas, estaba en contra de la esclavitud, quiso abrir escuelas para los hijos de los esclavos, y quiso que se perdiese la propiedad de los hijos de los esclavos. Aun así, Lee luchó con los confederados, ¿por qué? Por lo quiso oportuno, de hecho rechazó ser General para los norteños.
No estaba de acuerdo, pero entendió el juego que había en el Congreso, y que resumiré diciendo que los Demócratas no querían abolir la esclavitud, sólo querían gravarla para hacerla menos competitiva, y fue Lincoln, junto con Grant, quien forzó al Congreso a ir a la guerra contra la esclavitud, que acabó con la Orgullosa Capitulación de Lee en Appomattox... pero para Catalá y para Rajoy no habrá orgullosa capitulación.
No, no la habrá porque no son caballeros, no creen siquiera que esa ley deba existir, creen que les conviene y, tal y como le pasó al Congreso de EEUU, vendrá otro más listo y la echará abajo.
Si alguno piensa en qué le pasará a los artífices de la dichosa ley, puedo aventurarlo... Nada. Cuando he dicho que Lee era un caballero, es que lo era, capituló sin condiciones, cedió a la lógica, acabó con la barbarie porque estaba cansado de sangre, y si alguien piensa que no fue así, me refiero a lo que el propio Grant dijo de él.
Por supuesto, ser un caballero tiene consecuencias, ser una rata no. Lee fue a Appomattox, Lee fue al frente, Rajoy y Catalá se esconden tras de SU código penal y de su policía, y si alguno piensa que estoy cargando contra la policía, que no se equivoque, éste no es un asunto policial, es político, por desgracia para ellos, están en el fuego cruzado y, siguiendo con la comparación, lo habrá que vayan voluntarios a "someter a los negros", los habrá que vayan forzosos, y estarán los voluntariosos que no querrán que la sangre llegue al río, pero tendrán que salir igual, así que, dejemos a la policía de lado.
Volviendo a lo de la desobediencia, que me he ido por las ramas, sólo el tiempo dirá quienes son los revolucionarios y los traidores, quien gana y quien pierde, pero una cosa siempre ha estado clara: jamás se ha acabado un conflicto hasta que ambas partes han querido, y más cuando las partes están tan claramente afianzadas. Periodistas, políticos en sus cabales, asociaciones civiles, asociaciones policiales y de jueces, gilipollas libertarios como yo... nos han dado algo contra lo que cargar, algo que nos afecta a todos, y todas las partes tienen mucho que perder, así que la suerte está echada, pero no sólo está la suerte echada, ya han perdido.
Sí, hace veinticuatro horas que la ley entró en vigor y ya han perdido, de hecho, perdieron en 1978, porque marcó su fecha de caducidad, y el siguiente la derrocará, o le derrocarán en cuatro años, si es que llega a cumplirlos con el más que previsible parlamento fragmentado que nos espera...
Así pues, señoras, señoritas, señores y caballeros, sentémonos a ver al Cobarde de Jefferson Davis, encarnado en ésta obra en Don Mariano Rajoy Brey, intentar huir a la Canadá situacional que le espera en pocos meses cuando llegue su Appomattox, luego veremos quienes han sido los "demócratas" y quien ha encarnado a Lincoln en ésta guerra, mientras tanto, la lucha sigue.
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