domingo, 4 de octubre de 2015

Sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria


Ésta frase, atribuida a Ramiro Ledesma Ramos, encierra una de las mayores taras mentales, sociales y sistemáticas de la historia y, como la mayoría de enunciados que cargan contra un hombre paja, son mentira.

Por aquel entonces, España estaba a las puertas de la Guerra Civil, y su tropilla, junto a otras, intentaba alinear a los máximos posibles con su causa, no esperando hacer estallar la guerra, si no pretendiendo controlar la calle porque, de facto, el parlamento era un aquelarre, la cueva de Alibabá y los Cuarenta Ladrones, el Mos Eisley de España, no había un lugar con más maldad concentrada, pero era testimonial.
Como cualquier partido, el suyo pretendía sacar el máximo número de escaños posibles, y su sindicato quería conseguir el mayor número de afiliados y simpatizantes posible y decidió acudir a la idea del patriotismo, que tan bien estaba funcionando en otros sitios, pero se equivocó en algo... el español no es patriota por naturaleza, de hecho se la sopla bastante el banderín.

No me entendáis mal, los españoles somos mundialmente conocidos por cagarnos a diario en nuestro país y saltar al cuello de cualquier extranjero que tenga el atrevimiento de decir algo malo de nuestra casa, pero no me refiero a eso: al español se la pelan las instituciones del gobierno, así que su estrategia tuvo que desviarse y, en vez de apelar directamente al sacrificio por la patria, apeló al sentimiento de envidia de las clases trabajadoras, que las estaban pasando muy putas, para ganar adeptos, una penita (no) que los comunistas y los anarquistas hiciesen lo mismo y dividieran sus frentes.

Cualquier persona con media neurona funcionando, lo cual descarta a las bases fascistas, sabe que no era más que una estrategia electoral, que el español, pobre como una rata, y que había visto pasar cuatro formas de gobierno distintas en 35 años, tenía ya poco aprecio por ninguna de ellas, y más cuando veía que cada vez que se cambiaba les costaba el dinero y la libertad, así que si al día siguiente España era fascista, federal, monárquica absolutista o se morían todos los gobernantes de golpe, le daba igual, seguía siendo pobre.

Realmente la idea era buena, los ricos de España eran... muy ingleses, de hecho en esa época todos los ricos eran muy ingleses, gobernaban con mano de hierro, sí, gobernaban, de hecho la mayoría de los ricos tenían título nobiliario, y los que no, eran grandes juristas, hacendados, militares de familia y rango, que se mantenían muy cerca del gobierno en todo momento, y Ramiro decidió declararlo "antipatriota" y decir que el que fuesen ricos era lo que provocaba la desgracia de los españoles, y les tomó el pelo.

Sí, eran ricos y poderosos, pero no eran ricos y poderosos gobernantes, eran gobernantes ricos y poderosos, por si alguno no lo entiende, el problema era que su dinero venía del erario público, su poder venía de la mano militar y legislativa, no de la competitividad industrial, donde España daba, como nación, palos de ciego día tras día, preguntándose qué hacían mal desde el gobierno para que no les saliese nada bien, mientras la burguesía catalana invertía cantidades ingentes en sus fábricas de forma privada.
Sí, la burguesía catalana, como todas las burguesías, estaba metida en la política, es un paso natural querer entrar en ella para defender tu negocio, sobre todo si sabes que si no lo haces, la competencia lo hará y te hundirán a base de decretazo, pero ese es otro tema.

¡Y llega el momento de las falacias!.
Ésto no es una falacia, es una constante: todas las personas que te van a prohibir hacer algo, o que van a promover que se haga algo, sin que puedan detallar de forma clara y concisa los riesgos, beneficios o previsión de costes, van a usar argumentos falaces para convencer a la gente. Es más fácil contar argumentos variopintos que apelen a los sentimientos y a la descalificación que la presentación directa de la realidad, por eso la publicidad se basa usualmente en falacias, y la política es una forma de publicidad.

En éste caso, Ramiro uso prácticamente el manual clásico de las falacias: culpa por asociación, un rico ha sido malo, y como el resto de ricos lo conocen, también son malos
Un rico es extranjero y viene a hacer una inversión con la esperanza de ganar más dinero, como un extranjero rico saca dinero de su país, los nuestros también lo harán, así que no quieren a su patria, pero es que además son malos por conocer a ricos malos
Y, ¿sabéis? Si ellos no tuviesen ese dinero, lo tendríais vosotros, y además no quieren a la patria, y además son malos...

Si se sigue usando una falacia tras otra se llega a ésto: los ricos son indefectiblemente malos y apátridas, la patria siempre es buena, como contraposición a los ricos y apátridas, que son malos, y vosotros, como parte de la patria, seréis ricos cuando ellos no lo sean, pero si el socialismo expropia todos lo bienes, no podréis ser ricos.

Así se distorsiona la imagen del enemigo, se crea un espantapájaros que no puede defenderse, puesto que no tiene vida, no está encarnado, y así se mueve al pueblo.

Haciendo uso de mi escasa retórica y de mi inexistente don para los discursos, planteo uno, quizás valdría para la actualidad y todo...

Españoles, sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria, de no tener rey, bandera, gobierno, sólo los ricos pueden, porque saben que no la necesitan, no necesitan un trapo al que saludar porque un libro se lo dice.

Bonito párrafo, eh? Ahora pensad un segundo que un gobernante, o intento de tal, dice eso... está diciendo que no le votes, ni a él ni a nadie, que te sitúes por encima del nacionalismo y pienses por ti, obviamente, si quiero encarnar el poder absoluto en mis manos, jamás voy a decir eso.

Obviamente yo sería, desde el cristal del nacionalismo, un no patriota pero, ¿y qué me importa?
No me entendáis mal, yo quiero a mi tierra con locura, amo el sitio en el que vivo, en mi DNI pone que soy nacido en Barcelona, y no me siento ni una migaja catalán, pero no se equivoquen, señores, no me siento andaluz, ni una pizca, ni puedo sentirme: fui, soy y seré de Granada, y si llega el día que tenga que irme, la echaré de menos como a mi familia, y es algo que tengo comprobado, en cuanto paso unos pocos días fuera de casa, echo de menos mirar al Este y ver montañas, pero el sitio que me acoja será mi hogar y, entonces, mi patria y lo querré, o lo abandonaré detestándolo, quien sabe.

Ramiro, como todos los nacionalistas, fue corto de miras: los hombres libres no tienen patria, tienen hogar, algo mucho más elevado.

Hablemos de etimología y semántica, cosa que detesto profundamente, pero hoy toca.
El hogar no tenía que ver con la casa en sí, si no con el lugar que alberga el fuego, que da calor, así pues, el edificio, la casa en sí, es algo supletorio, irán y vendrán y el hogar no cambiará.
Ya, entrando en etimología, viene del latín vulgar, de los trabajadores, soldadesca y demás habitantes, "focaris", el lugar donde se prepara la comida, en algún momento sustituyó a ignis, llegando desde el indoeropeo "bha", brillar, emparentado con el griego "Fotos", y no es casualidad, pues la luz es lo que marca el principio del mundo para los helenos clásicos, y el fuego dado por Prometeo a los humanos, marca el inicio de la carrera humana sobre la tierra, y con "fainos", que ilumina algo, que lo trae a la luz.
Las lenguas indoeuropeas son caprichosas y, a veces, los conceptos los tenemos tan asimilados que no nos damos cuenta de la relación antigua, interna y social que tienen, así, "Pa", raiz de pan, y de padre, proveniente del indoeuropeo, deja claro que sin uno, y sin otro, no hay ser humano, son nuestros creadores y nuestro sustento, y algo así pasa en éste caso:

Beacon, faro en inglés, referido a la luz que guía, no a la construcción en sí, viene derivada del germano "bauknan", del mismo significado, y viene derivado de la raíz indoeuropea "bha".

Es una relación instintiva: un rayo de luz guía, da seguridad, el ser humano tiene en su subconsciente colectivo que el fuego es bueno para él, que emite luz y calor, le protege de bestias, de las inclemencias del tiempo, y el hogar alberga el fuego, la posesión más preciada, deseada y necesaria del ser humano, y por eso nuestra casa es nuestro hogar: sin ella no somos nada, estamos condenados a la nada.

El hombre libre no defiende la patria, al rey, al gobierno, no defiende mentiras, defiende su hogar. La historia es un juez inapelable y lo deja claro: jamás pongas los pies en el hogar de alguien que no te quiere allí, no tiene nada que perder y vas a salir escaldado. Franceses, españoles, ingleses, alemanes, americanos... ¿alguien necesita que explique la ferocidad de un combatiente a las puertas de su casa?

No, señores fascistas, salvapatrias en busca de gloria, todas las personas tenemos el deseo interno de tener un hogar, no una patria, y si mi hogar se ve amenazado por su patria, yo estaré entre mi hogar y la patria, defendiendo el primero.

Es cierto, sin embargo, que sólo los ricos pueden permitirse no tener una patria: muchos somos tan ricos como para tener un hogar, algo que quizás ellos no tuvieron y por eso intentaron usurpar el ajeno, como buenos tiranos que son.

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