viernes, 5 de junio de 2015

Y ahora va a resultar que pitar es delito


Para quien no siga el fútbol, el día treinta de mayo de 2015 se celebró la final de la Ilustrísima Copa de Su Majestad, Don Felipe de Borbón entre el Atlético de Bilbao y el Fútbol Club Barcelona, con victoria de los últimos (se siente, Patxis).

Como todos los años, contaba con representación política y monárquica, en éste caso concreto, Íñigo Urkullu, Lehendakari por el PNV, nacionalista convencido, Artur Mas, President por CiU, nacionalista casual y gilipollas redomado, y el Rey Felipe, monarca de España por abdicación de Juan Carlos I El Campechano.
Ya se presuponía que el partido iba a estar calentito en el terreno, al fin y al cabo al Atleti le gusta repartir estopa, y también en las gradas, viniendo de donde vienen los dos equipos, se esperaba una pitada, como ya hubo en su día, al Rey que no reconocen con propio.

La pitada fue monumental, de 90.000 personas, perfectamente pudieron pitar 70.000, o más, ayudados por el reparto de silbatos en la entrada del Camp Nou por parte de asociaciones independentistas, que como asociaciones privadas que son, pueden gastarse como quieran su dinero y pedir lo que quieran.

Pasará a la historia la cara de Don Artur Mas, con una media sonrisa cínica, la del niño travieso que cree que ha cabreado al profesor con una broma pesada en la que no le han pillado, y también pasará a la historia la cara de Urkullu, serio y rígido como una estatua, y la cara de circunstancias del resto, aunque al Rey no se le vio particularmente afectado ni molesto.

Empezando por el principio, Mas no puede estar orgulloso de nada, no fue más que el contable de una familia de ladrones, al que pagaron con un puesto al frente de CiU, incompetente, falto de ideas, traicionero incluso con sus socios (ERC) y cobarde, lo que allí pasó habría sido si él, igual que con él, el catalanismo seguirá existiendo, igual que existió antes de él, pero sus mentiras se desenterrarán y le tocará pagar ante el Juez que es la Historia, igual que al Muy Honorable, no son más que ínfulas de un zote que no se da cuenta del daño que ha hecho a Cataluña y a España, o peor, de un ladrón que sabe perfectamente lo que ha hecho y no le han pillado.
Todo esto en contraposición a Urkullu, rígido, mirada al frente y serio de narices, ni un gesto de aprobación a la grada que pitaba, Urkullu, el que ha pedido perdón a las víctimas del terrorismo, Urkullu el que ha dicho que removerán cielo y tierra para dar el reconocimiento que se merece al oscuro periodo de ETA, Urkullu el gobernante digno, comparable a Bernadette Devlin, aquella que abofeteó al ministro de interior inglés y la llamó mentiroso después del Domingo Sangriento, en lo que se refiere a su actitud con los asesinos.

Después de ésto, entró en escena nuestro querido PP, el Partido Popular (tan popular con la República Popular China, yo mando y vosotros os calláis, que os doy una mano de hostias si no) pidiendo que se considerase la pitada como un acto delictivo, pero, ¡Ay!, los jueces opinan que no hay delito, puesto que no se faltó declaradamente el respeto a la persona o los símbolos y que, aun habiendo sido así, no podría señalarse a los responsables uno a uno y demostrarlo.

Como siempre, el Partido Popular no aprende, quizás sea porque ya chochean algunos, quizás porque nunca han entendido muy bien aquello de los derechos individuales inalienables, pero su jauría de perros periodísticos pedían sangre, sangre para el populacho, porque han insultado a SU rey y a SU bandera esos "polacos y vascos de mierda".
Quizás, esos perros olvidan del papel  que jugaron los guiputxis y los barceloneses en la fundación de lo que hoy conocemos como España, pero bueno, a lo que iba, tanto se lee por ahí que los españoles no están orgullosos de su bandera (hombre, un pabellón naval que sustituyó a la bandera porque la confundían con la inglesa a larga distancia) o de su himno, La Marcha de los Granaderos, que data de 1761 y que pasó a ser el himno porque los Granaderos (la élite del ejército) siempre acompañaba al Rey.

Pues sí, España tiene un serio problema con su bandera y con su himno, y el problema son ellos. Todas las banderas son trapos y todos los himnos son estrofas, y todas se han bañado en sangre, el mundo funciona así, pero ese nunca ha sido el problema, los tiempos cambian, los países se acercan y se ayudan, y las banderas ondean y la gente sigue su vida, así se escribe la historia, pero no con esa gente.

Y sí, voy a hablar del hecho concreto de la panda de imbéciles retrógrados que cantaron el Cara al Sol delante de Ferraz, y me voy a despachar a gusto, y si alguien cree que estoy haciendo apología de la violencia, no se equivoca un pelo, a un perro rabioso se le dispara, no se le deja morder.

Me avergüenza profundamente que esa gente toque la bandera, me repugna, me asquea, me resulta insultante para todos, incluidos los que pitaron el himno, incluido el gilipollas de Mas, y sin embargo no pasa absolutamente nada.
Vaya por delante que no soy de izquierdas, que no soy del PP, y que respeto los derechos individuales por encima de todo, así que tengo que tragar mi bilis y reconocer que si quieren cantar el Cara al Sol o sacar la bandera actual o la dichosa bandera del pollo, están en su derecho, pero eso no va a cambiar mi opinión un palmo sobre ellos, sobre sus ideas y sobre lo fuera de lugar que estén.

Vayamos al otro lado del charco, muchos de esos sectores, o cercanos, pretenden comparar la bandera española con la bandera americana, pero ni son iguales, ni lo pueden ser.

Empecemos la lección de historia: EEUU es un país federal, un conjunto de ESTADOS que van a un frente común, muchos de esos estados fueron independientes, como la República de Texas o Louisiana, y se unieron por pragmatismo y principios y, siendo sinceros, los unió la guerra.

Igual que un Alaskeño (aunque nativos sean pocos) se parece muy poco a alguien de Florida (a mi me sigue gustando llamarle La Florida, por nostalgia) un gallego se parece poco a un granaino, aunque irónicamente seamos mayoritariamente descendientes de gallegos, y nuestros problemas son distintos o tienen resoluciones distintas, que nuestras historias no son las mismas y que, circunstancialmente, estamos en el mismo barco y somos españoles, nos guste o no (aunque siempre puedes declararte apátrida), así que más nos vale remar en la misma dirección, o vamos a dar vueltas sobe nosotros mismos con 17 capitanes y 1.100.000 contramaestres hasta que nos hundamos o nos muramos de hambre, nos amotinemos y volvamos al mismo problema, pero con menos gente.

Ahí está la clave de la cuestión, yo soy republicano, convencido, por familia, por tendencia política, por ética y por educación, todos hemos nacido iguales, y todos vamos a morir iguales, sin embargo, no pitaría al Rey por respeto a su persona, pero no me inclinaría a mostrar respeto a su cargo, yo respeto a Felipe, no al Rey, puesto que no tengo "nada" en contra de la persona fuera del cargo, y así pues, los 70.000 pitaron al Rey, igual que pitaron al anterior Rey, igual que pitarán al siguiente (Esperemos que no tengan rey al que pitar), y no va a valer de nada que se les denuncie, que se les persiga o que se les insulte, llegados al extremo, poner un rifle en la nuca de uno de cada diez, y cinco pitarían igual.

Y ésta es la relación entre el problema de los símbolos institucionales y el patriotismo, la imposición y, a la misma vez, la apropiación, es rey de los que votaron al PP, pero no es rey de "los polacos y los vascos", pero os calláis y hacéis reverencia, que para eso es vuestro rey, ni se sostiene, ni se va a sostener por mucho que ladren o lloren los palmeros, y la próxima vez, pitaran igual, si la situación mejora, probablemente piten menos, por aquello de que una persona contenta y sin miedo toca menos los huevos

Curiosamente, el escudo de España, el gran olvidado, reconoce la existencia de reinos y de gentes tan distintas, que han hecho cosas que han pasado a la historia y que se olvidado, nadie, en su sano juicio, le guarda rencor a EEUU por la Guerra de Cuba, guerra que llenó periódicos con listas de muertos y que nos queda cerca con el dicho "más se perdió en Cuba", nadie le guarda rencor a Francia por la Guerra de Independencia, y visto como se han portado últimamente, es una alegría tener un vecino así, pero sí hay zoquetes que sacan a relucir el papel de los catalanes en la pérdida del Rosellón ante Francia, o la de los Vascos en los años oscuros de ETA.

Resulta estúpido que alguien pueda odiar, y los hay, a ¿7? millones de catalanes, muchos de ellos emigrantes de otras partes de España, y sin embargo no recuerden que Barcelona dio inmensas sumas de dinero con el comercio, resulta estúpido que se pueda odiar a todos los vascos por ETA o por los movimientos violentos, y se olviden que encabezaron el desarrollo metalúrgico español, pudiendo crear infraestructuras y maquinaria que nos hizo avanzar 100 años.

Y, como fin, resulta estúpido odiar o llamar delincuente a una persona que no ha hecho daño a nadie, y que sólo a demostrado su desaprobación

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